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domingo, octubre 24, 2021

A oscuras y sin agua: el drama en el que vive una familia en zona rural de Cucunubá, en Cundinamarca

La familia vive un verdadero drama desde hace más de un año. Sin luz, sin agua y con una casa armada con madera, plásticos y guadua, pasan días difíciles.

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-Una familia compuesta por una adulta mayor de 75 años, un joven de 14, una niña de 7 y una madre cabeza de hogar de 36 años, viven un verdadero drama desde hace más de un año. Sin luz, sin agua y con una casa armada con madera, plásticos y guadua, pasan sus días. 

> El jueves 5 de diciembre de 2019 la vida de Ana Cristina Garzón Robayo, una mujer cabeza de familia de 36 años de edad, cambió drásticamente. Un accidente de tránsito en la vía Ubaté – Cucunubá la postró a una cama por más de tres meses, tiempo suficiente para que ella, junto a su familia, cayera a un abismo del cual, más de un año después, no ha podido salir. 

Ana Cristina trabajaba por días en un restaurante en Cucunubá. Tenía la responsabilidad de alimentar a grupos numerosos de trabajadores mineros. El día del accidente tuvo que viajar a Ubaté a comprar carne que les hacía falta para la comida. Era tarde. Por cosas de la vida se encontró con uno de los comensales que alimentaba, conversaron y como coincidieron en el regreso, el trabajador le ofreció llevarla en la moto. Ana no le vio problema.

El accidente 

La motocicleta arrancó de Ubaté. Ya había sonado el himno nacional, se hacía de noche. Como copiloto, Ana Cristina se acomodó en la motocicleta y partieron rumbo a su destino. Avanzaron sólo cinco kilómetros, más de la mitad del recorrido, cuando otra motocicleta que venía adelantando, sin luces y con exceso de velocidad, los sorprendió. Milésimas de segundos después cuatro personas (todas heridas) y dos motocicletas estaban en el piso. 

En la oscuridad de la noche, la confusión, la angustia y el dolor se mezclaron. Las consecuencias no se sospechaban. Con la vía bloqueada a raíz del accidente, las llamadas de emergencia no esperaron. Todos los involucrados fueron trasladados al Hospital El Salvador de Ubaté.

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Imagen del día del accidente. Archivo particular.

Fractura en los dos brazos, en el derecho con escapula zafada y fractura total, desprendimiento de miembros inferiores, inmovilización de una de sus manos, 25 puntos en la cabeza, desprendimiento del costado izquierdo de la mandíbula, fractura de rótula de la pierna derecha, y desplazamiento de cadera, fue parte del diagnóstico de Ana Cristina tras el siniestro vial. La pesadilla apenas empezaba. 

“El accidente me dejó más de tres meses en silla de ruedas y aún sigo en terapias de recuperación. Según me cuentan los que me atendieron y me vieron, duré dos días inconsciente. No ha sido fácil”, dijo Ana Cristina hace pocos días en entrevista con el periódico LA VILLA. Agrega que, si no se hubiera encontrado con el conocido de la motocicleta en Ubaté, se había regresado en buseta. El destino estaba escrito.

Inicialmente duró en el hospital ocho días, luego volvió a ingresar para otro procedimiento médico. Iba y venía, de Ubaté a Bogotá, controles, seguimientos, cirugías. Pasó tres meses en ese corre corre. “Caminaba con ayuda. Mi brazo derecho se secó. Después fue en muletas, luego el bastón. Ahora tengo mayor movilidad, pero continúo en citas de ortopedia”, precisa. 

Sobre la suerte de su acompañante, quien manejaba la motocicleta, también sufrió fracturas y duró varias semanas incapacitado. Los que ocasionaron el accidente, eran dos jóvenes, los cuales uno no sufrió mayor daño, el otro tuvo fracturas, pero se recuperó. Ellos aparecieron tiempo después, pero de acuerdo con Ana Cristina, solo la visitaron para decirle que no tenían recursos, que iban a disculparse de palabra porque ellos no tenían cómo ayudar económicamente para nada. 

La crisis económica  

Mientras su recuperación avanzaba, las cosas en la casa retrocedían. Su inactividad conllevó a que su familia sufriera las consecuencias, como Ana Cristina lo cuenta. Las deudas se fueron acumulando, el arriendo sumaba mes a mes y la paciencia de los dueños de la casa se iba agotando. La situación se complicaba. “A raíz del accidente perdí el trabajo, no tenía remuneración de nada porque no era por empresa, el seguro era el subsidiado, el Soat de la moto en la que viajaba solo cubrió los procedimientos médicos, me quedé sin ningún ingreso”, indica. 

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Las consecuencias del accidente de Ana Cristina las ha sufrido sus familia, en especial sus hijos y madre. La Villa.

En medio de la escasez, su limitada movilidad y precario estado de salud, Ana Cristina tuvo que soportar el “acoso” de las cuentas por pagar. “Yo vivía de milagro, porque ingresos no tenía, el padre de mis hijos no colaboró en absolutamente nada, entonces vivíamos de lo que nos daban de caridad. La gente que me visitaba me dejaba $10 mil, $20 mil pesos, y eso lo utilizaba para las idas a Bogotá, porque cada una me salía por $200 mil, y eso que llevaba lo justo”, relata. 

Tiene cuatro hijos, una de 20 años, que ya tiene pareja, y otro de 18, que también se fue de la casa. A su cargo tiene dos: Harold de 14 años, que estudia los sábados en el Gimnasio Moderno en Ubaté, y a Laura de 7, que cursa segundo grado en el Colegio Divino Salvador de Cucunubá. Además, ve por su mamá, una adulta mayor de 75 años. Lleva cuatro años separada de su último esposo, el padre de sus dos hijos menores. 

Cambio de casa 

En febrero de 2020 los dueños de la casa donde pagaba arriendo en la vereda Chápala le pidieron que la desocupara. Ana Cristina logró unos días más tras llegar a un acuerdo. “Les dije que apenas me levantara de la silla de ruedas, al otro día les desocupaba, y así fue. El 8 de marzo salieron de la casa. La deuda quedó congelada”, cuenta la madre cabeza de hogar. 

Cerca de este lugar, Ana Cristina y su familia tenían un lote con una casa en obra negra, sin pisos, sin cocina, y sin ningún servicio, terreno que habían comprado cuatro años atrás. 

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En medio de las dificultades del nuevo lugar se ubicaron. La Villa.

Con ayuda de los vecinos pasaron las cosas que tenían a ese predio, y con mucho sacrificio adecuaron —como pudieron— el terreno para hacerlo medio habitable. Plástico, madera, cartón, cobijas, todo lo que se pudiera, sirvió para adecuar el espacio en el que hoy, 14 meses después, siguen habitando. “Nos pasamos con el techo y las paredes de madera, había solo una habitación, cubrimos los huecos con las cobijas y nos acostábamos con muchísima ropa porque el frío era demasiado. Cuando llueve gotea mucho, con el viento se corren las tejas y se desacomoda todo”, narra la mujer. 

Ana Cristina llegó a habitar este terreno con sus dos hijos menores y su madre. Todo un desafío, teniendo en cuenta que desde que llegaron al lugar no contaba con ningún servicio público, el piso es en tierra, no había baño, ni estufa de carbón. “Hicimos un fogón con piedras para cocinar. Para el tema del baño fue más complejo, a mi mamá y a la niña les tocaba ir donde los vecinos, yo usaba pañal por mi condición médica, y a mi hijo le tocaba ir al monte. A todo nos tocó adaptarnos”, expresa. 

Como no tienen electricidad cargan los teléfonos, y una lámpara con la que se alumbran en las noches, donde un vecino, al que mensualmente le deben aportar $12 mil pesos para ayuda del pago del recibo de la luz. “Se han ido adecuando más espacios, el piso era barro y tuvimos que cubrirlo con peña, los vecinos nos ayudaron a regarlo, y mi hijo luego lo adecuó más para rellenar”. 

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No cuentan con agua y tampoco tienen electricidad. Llevan más de un año en esta situación. La Villa.

La lucha por el acueducto y la luz 

Desde que compró este terreno, hace cuatro años, Ana inició con los trámites para gestionar los servicios públicos. Para el punto del agua le solicitaron reunir unos papeles, los cuales llevó al siguiente año a Sucuneta, la empresa de servicio de acueducto que surte de agua a Cucunubá. “Me visitó un ingeniero y el gerente, y dijeron que tocaba evaluar el caso, que no era fácil. A la vez pasaron papeles dos usuarios más, éramos tres conmigo; ellos ya tienen el punto del agua, medidor y todo, por lo que pregunté que qué sucedía, y me respondieron que en mi caso no se podía por los lotes vacíos que hay antes de llegar al mío, que eso sería un problema a futuro con la demás gente, pues la empresa no tiene la suficiente capacidad de surtirlos si solicitaban también el servicio”, narra. 

Desde entonces, Ana empezó una lucha interminable para lograr, inicialmente, el punto del acueducto. “Yo les dije que de todas maneras de alguna forma ellos debían solucionarlo, porque por ahora era yo quien lo estaba pidiendo. Yo no pido que me lo den gratis o regalado, si no que me den solución a mis servicios, porque si Sucuneta no me da viabilidad, ni punto, Codensa tampoco nos pone la luz, porque nos piden la viabilidad del agua”, detalla. 

Como lo narra Ana Cristina, sin la viabilidad del punto de agua por parte de Sucuneta, Codensa no le aprueba la instalación del servicio de energía, lo que la deja a ella, a su madre de 75 años y a sus dos hijos, sin la posibilidad de vivir una vida con estos servicios públicos necesarios. “Pido que la empresa Sucuneta tenga consciencia de la situación, que hay niños y está mi madre mayor de edad. Que no se me violen este derecho. En este momento no sé qué hacer”, expresa.

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Utilizan una lámpara de minería, que recargan durante el día donde los vecinos, para iluminarse en las noches. La Villa-

Agua lluvia en invierno, rebusque en verano 

Mientras esta familia libra la lucha por conseguir la viabilidad en los servicios públicos, las necesidades diarias no dan espera, por ello, deben ingeniársela para conseguir el líquido vital diario. 

Hace un año, cuando llegaron a vivir a esta casa, contaban con un tanque de plástico en el que almacenaban el agua lluvia en el invierno. El líquido obtenido se las alcanzaba para varios días de alimento, pues como no tenían baño, solo lo usaban para preparar sus comidas. 

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La poca agua que consiguen la hierven y la mantiene en un balde tapado para preparar los alimentos. La Villa-

En verano todo empeoraba. Debían buscar en nacederos en zonas cercanas o pedirles ayuda a los vecinos. “En verano es complejo. En una ocasión le solicité al alcalde de Cucunubá, José Benito Martínez, y él me hizo el favor de traernos un carrotanque, me llenó mi tanque de reserva. Aquí el agua hay que tazarla y cuidarla mucho”, resalta.  

Hoy ya cuenta con dos tanques de reserva en plástico, y con la ayuda de los vecinos, logró construir una estufa de leña y un baño (con solo inodoro), el cual tiene pozo séptico. Cuando lavan la ropa, el agua usada es recogida para luego usarla en el baño. 

A solo metros de donde vive tiene una pequeña construcción, plancha y algunas paredes, la cual se empezó a levantar en un pedazo de su terreno. Los materiales fueron entregados por la Alcaldía y con ayuda de la comunidad se construyó hasta donde alcanzó. Espera poder avanzar con los trabajos, terminar la obra y así poderse acomodar un poco mejor, ojalá con los servicios públicos instalados. 

La enfermedad de Harold 

El 2020 fue un año lleno de desafíos para esta familia. Pues a todo el drama que han enfrentado se les sumó otro. Harold, su hijo de 14 años, sufrió episodios de epilepsia (trastorno en el que se interrumpe la actividad de las células nerviosas en el cerebro, lo que provoca convulsiones). “Mi accidente para él fue un impacto muy fuerte. Venía de vivir emociones por la separación y luego de ver lo que estamos pasando con el cambio de casa, las dificultades, pues todo se acumuló y empezó a sufrir ataques de epilepsia, entonces fue otro problema, le dio tan fuerte que lo tuve hospitalizado en dos ocasiones”, cuenta Ana. 

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Cuando llega la noche, la única luz que los acompaña es la de la luna, cuando hay. La Villa-

Agrega que, a Harold, a su corta edad, le tocó vivir emociones muy fuertes. “No había nadie más, vivió conmigo todo; además, fue testigo de cómo el papá se quería llevar a la hermanita, pues decía que yo no tenía cómo mantenerlos, y plata no me iba a dar”. 

Estudio y colegio 

La carencia de servicios públicos y recursos, multiplicó la ya difícil situación escolar de sus hijos, pues sin contar con al menos electricidad, el celular es lo más cercano a un aula de clase. “Cuando hay para hacer recargas de datos, pues bien, cuando no, es complejo porque hay veces que no se puede cumplir a tiempo con los trabajos para enviarlos”

Señala que en varias oportunidades tuvo que pedirles permiso a vecinos para utilizar la luz en las noches. “No es fácil estar poniendo pereque todos los días cuando hay que hacer trabajos para los niños. En algún momento, para entregar guías a tiempo, nos tocó molestar al vecino para que nos diera permiso para terminar tal trabajo, entonces uno puede entender la incomodidad que uno genera”. 

La frustración 

Ana Cristina ha sido fuerte contándonos su historia. Sin embargo, al preguntarle sobre la frustración que le genera esta situación, su voz empieza a flaquear cuando recuerda la vida que deben soportar su madre y sus dos hijos. De alguna manera recupera el aliento y responde la pregunta. “Para mí, como madre cabeza de hogar, como hija, es duro saber que tengo a mi mamá en esta situación. Ver que mis hijos no tienen las mismas posibilidades que tienen otros chicos es muy duro. Hambre no es que se esté aguantando, pero tampoco tienen la calidad de vida que se merecen y que quisiera poder brindarles”, detalla. 

Agradece a los vecinos, presidente de la junta y la demás comunidad, por el apoyo económico y moral que ha recibido para para salir adelante, pues cuenta que gracias a ellos ha sobrevivido a los momentos de mayor dificultad. 

Espera que su voz sea escuchada y le permitan acceder a los servicios públicos para volver a vivir con la dignidad que cualquier ser humano merece. 

Las respuestas

En conversación con la personera de Cucunubá, Andrea Jola, quien conoció el caso, indicó que, tras haberse reunido con Ana Cristina, se adelantó una acción de tutela en contra del Acueducto Regional de Sucuneta, la cual fue aceptada por el Juzgado Promiscuo Municipal de Sucuneta, pidiendo que se le garantice el mínimo vital.  

De otro lado, LA VILLA conoció que el alcalde de Cucunubá, José Benito Martínez, se reunió con las directivas de Sucuneta para evaluar las acciones que permitan entregarle a Ana Cristina la viabilidad del punto de agua. De igual manera, con la ayuda de profesionales independientes que se han unido como voluntarios, ya se adelanta los trámites para solicitar la licencia de construcción y de esta manera culminar la nueva casa.

Campaña para ayudarlos

Debido al alto número de mensajes de personas que han manifestado sus interés en apoyar a Ana Cristina y a su familia, hemos creado un link para recibir las ayudas de aquellos que quieran hacer su aporte. Este es el link: https://bit.ly/32dedAc

El dinero que se recaude se utilizará para avanzar en la construcción de una casa (pequeña) que ya tiene bases. Tenemos una semana para completar la meta o lo que se alcance. Para quienes quieran hacer alguna donación en mercado, material o dinero directamente con ella, se pueden comunicar al número celular: 320 4793897.

Esperamos que mientras los apoyos van llegando, los trámites de su punto de agua también avancen. Seguiremos informando las novedades de esta historia, así como su desarrollo. Agradecemos el interés.

Jorge Suárez Celis

REDACCIÓN LA VILLA

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