Empanadas en vez de almojábanas: la reinvención de algunos vendedores informales, quienes han sido unos de los más afectadods desde que se declaró la emergencia sanitaria en el país, a causa de la pandemia del coronavirus.
La venta de almojábanas en los puntos turísticos a las entradas y salidas de Ubaté era el trabajo con el que sobrevivían las hermanas Ana Patricia y Berenice Rodríguez. Todos los días madrugaban sin falta a distribuir el panecillo típico que por muchos años las sacó adelante.
Sin embargo, desde que se declaró la emergencia sanitaria en el país, a causa de la pandemia del coronavirus, todo cambió. El transporte terrestre se detuvo y los negocios de venta de quesos y almojábanas cerraron sus puertas, dejándolas sin opción.
Como un baldado de agua fría recibieron la noticia del aislamiento obligatorio, el cual ya completa 50 días y, por ahora, irá hasta el 25 de mayo.
Ambas son madres solteras. Ana Patricia tiene cuatro hijos: Yuliana de 17 años, Nicolle de 15, Miguel de 12 y Dante de 10. El año pasado su hija mayor se graduó de la secundaria y está la espera de saber si continúa sus estudios; los demás cursan décimo, séptimo y sexto grado, respectivamente, en el Instituto Bolívar. De otro lado, Berenice tiene dos hijos, ya bachilleres a la espera de una oportunidad.
Cuentan que han recibido la ayuda de amigos cercanos, incluso, fueron beneficiadas con uno de los mercados que focalizó la Alcaldía.
A reinventarse
Los días pasan y una solución a corto plazo no se vislumbra. Por ello, decidieron empezar a hacer empanadas que venden a domicilio, todo para tratar de sobrellevar la crisis. “Estuvimos más de tres semanas sin hacer nada, hasta que decidimos hacer algunas empanadas para conseguir, al menos, para el diario”, comenta Ana Patricia.
Para el peor de los males, el proveedor que les vendía la leche todos los días para preparar sus almojábanas, les comentó que ya no puede seguir llevándoles el insumo. “Hace poco nos pidieron unas almojábanas y llamé al señor que me distribuye la leche y me dijo que ya no nos podía vender porque debido a la pandemia consiguió otro cliente”, explica.
Agrega que las facturas y los recibos no dan espera y que los bancos y entidades financieras no dan “opciones reales” a quienes viven del día a día. “Todo el mundo me dice que tenga paciencia, pero a ratos como que uno se desespera, porque todo se puede aislar, menos el hambre. Es duro”, finaliza, Ana Patricia, con la voz entrecortada.
Pero no solo son ellas quienes han resultado afectadas por esta situación. La pandemia del covid-19 tiene contra las cuerdas los propietarios de bares, almacenes de ropa, papelerías y demás, los cuales permanecen cerrados desde poco antes de declararse el aislamiento obligatorio, el pasado 24 de marzo, al igual que el sector de espectáculos, que también se sumó al llamado de auxilio.
Así las cosas, en Ubaté y la región es evidente el impacto en la economía de las personas, y aunque no se tienen cifras concretas, los hábitos de consumo, por cuenta de las nuevas reglas que impuso la llegada del coronavirus al país, cambiaron radicalmente, dejando en un suspenso permanente a varios gremios de trabajo.

