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Villa de San Diego de Ubaté
miércoles, noviembre 30, 2022

La gallina criolla, en estufa de leña, de ‘La Gorda Fabiola’

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Es lunes. Inicio de semana. Según el reloj, son las cuatro de la mañana. Fabiola Espitia Ortiz, más conocida como la ‘Gorda Fabiola’, llega a su restaurante que tiene su seudónimo como nombre. Ya es la semana 29 que empieza en este nuevo lugar, en medio de la zona de talleres, en la salida que de Ubaté conduce a Chiquinquirá.

El nuevo restaurante tiene 10 mesas dobles, en donde se acomodan un poco más de 100 personas. Un ventilador gigante colgado en todo el centro del restaurante se encarga de reforzar la ventilación del lugar, muy útil, porque la estufa de leña, con ocho puestos, eleva la temperatura.

Entre semana, tiene seis secretarias (ayudantes) y los fines de semana se suman otras cuatro. Para la ‘Gorda’ esa es la forma de llamarlas.

Sólo duró tres semanas implementando este nuevo lugar, luego de que la sacaran de las ‘Casetas Turísticas’. Reconoce que no fue fácil, pero admite también que ha sido una bendición.

Fabiola recuerda sus inicios en este oficio. Primero, cuando vendía pelanga en el parqueado de buses en la antigua Rápido El Carmen. En donde con olla sobre una bicicleta vendía porciones de jeta, cayo, menudo, espina y ojo con papá. Cada plato valía mil pesos y en el día se podía vender hasta 100. “llegaba a las cinco de la mañana y terminaba a las 10”. Haciendo eso duró dos años.

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Un poco más grande, Fabiola, en compañía de sus dos hermanas, Mireya y Martha, le empezaron ayudar a su mamá (doña Angélica) en la caseta 15. “Fueron días difíciles. Pero aprendimos este arte y fuese como fuese nos ha dado para vivir y por eso estamos muy agradecidas. Mi mamá nos enseñó a trabajar honestamente”, señala.

En 1998 doña Angélica se retira del oficio y fueron las tres hermanas las que empezaron a liderar la Caseta 15. Luego de nueve años, Fabiola recibe de mano del alcalde de ese entonces, Richard Pachón, un puesto que quedó libre, la Caseta 12.

“Cuando recibí ese puesto viví momentos difíciles, había mucha gente esperando ese lugar, y aparte, fui víctima de robo en mi casa. Me desocuparon el apartamento. Todo pasó en un mismo momento. Por fortuna a los delincuentes los agarraron en el peaje de Casa Blanca. Y en la plaza pues me tocó adaptarme rápido e ir superando todos los impases que se fueron presentando”, narró.

Restaurante La Gorda Fabiola, fue inaugurado el viernes 18 de septiembre. Ese día Fabiola dispuso un número prudente de platos para la venta, porque esperaba que fuese tímida. Para sorpresa de ella, a las una de la tarde, las ollas estaban vacías y los comensales pedían más comida.

Al día siguiente quintuplicó la porción de todo. No podía pasar otra vez lo mismo.

Hoy en día su nombre se posicionó otra vez. Una sonrisa adorna su cara. Y luego de superar el ‘mal rato’ de cambiar de lugar su tradicional restaurante, ahora se levanta con las mismas ganas con las que se levantaba en los mejores momentos en la desaparecida ‘Plaza Ricaurte’.

REDACCIÓN LA VILLA

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