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viernes, junio 18, 2021

Estudio de la Universidad Nacional revela que la agricultura está acabando con el Páramo de Guerrero

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Según un estudio presentado en pasados días por investigadores de la Universidad Nacional “el suelo de este ecosistema ha perdido su capacidad de retener carbono, debido a los cultivos de papa y actividades de pastoreo, entre otras, por lo cual se requiere un trabajo de conservación a mediano plazo”.

Según Melissa Lis Gutiérrez, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional, y que hace parte del grupo investigador, se encontró que el 42 % de la zona es usada para actividades agrícolas y pecuarias.

También se logró establecer que el suelo ha perdido la capacidad de retención de agua, por su degradación física, causada en gran parte por labranza inadecuada y el sobrepastoreo. “Todo esto ha generado procesos de degradación química de suelos y contaminación de aguas por los fertilizantes y agroquímicos”, asegura la investigadora en un informe de la Agencia de Noticias U.N.

La investigación hace un llamado de alerta sobre las consecuencias que tendrá este páramo, en la vereda San Antonio del municipio de Tausa, si se continúa expandiendo los cultivos agrícolas. “Es de vital importancia, porque es el segundo en extensión después del de Sumapaz, pero a su vez ha sido el más intervenido”, cuenta Gutiérrez.

A su vez, y según su estudio, en la zona es evidente la “degradación por la agricultura y las prácticas de manejo inadecuadas, que ponen en peligro la calidad del suelo por el aumento de la erosión”.

El Páramo de Guerrero es de tal importancia que provee agua a la represa del Neusa, a los acueductos veredales y municipales en Cogua, Zipaquirá y Tausa, además de hacer parte del sistema hídrico de Bogotá, sin embargo, la información sobre el estado de sus suelos es insuficiente, lo que hace difícil implementar alguna estrategia concreta para aplicar.

Por tal razón, la investigadora llevó a cabo una medición en cada zona que conforma el páramo, como cultivos de papa, terrenos destinados a pastura, vegetación propia del páramo y bosque de encenillo, con el fin de medir la calidad actual de los suelos y su capacidad de almacenar carbono.

“En cada zona se realizó un muestreo, cada diez centímetros hasta un metro de profundidad, se recolectaron muestras en cilindros y en el laboratorio se determinó la densidad y capacidad de retención de carbono.”

Es tal el acoso que ha sufrido este páramo que se estima que “desde 1950 comenzó la transformación de este páramo con la explotación de sus recursos naturales y el uso intensivo del suelo, lo cual desequilibró el ecosistema, los paisajes y las fuentes de agua”.

El estudio va más allá y hace un estimado hacía el futuro. “Si se retiran los cultivos de papa para mantener el terreno en descanso, en el año 2020, se favorecería el proceso de restauración del suelo y disminuiría el riesgo a erosión porque aumentaría la cubierta vegetal en la zona, dejando crecer un bosque denso”, explica la magíster.

Si por el contrario los espacios actuales de pastura se convirtieran en cultivos agrícolas, se alteraría aún más la estructura del suelo y disminuiría la reserva de carbono orgánico. “Sumado a esto, la topografía del páramo hace que aumente la erosión, lo que alteraría su capacidad reguladora de agua y la calidad del suelo en este ecosistema”, puntualizó.

El trabajo investigativo también planteó que para 2030 se podría recuperar gran parte de la vegetación de la zona, si las áreas afectadas por actividades agrícolas se convierten en áreas de conservación.

“Se necesitan estrategias de conservación y reforestación con especies nativas; así, el riesgo de erosión disminuirá porque tendrá protección vegetal y se incrementará su capacidad para absorber carbono orgánico”, añade.

Sin embargo, en cualquiera de los tres escenarios, si la temperatura sigue aumentando debido al cambio climático, la capacidad del suelo para retener humedad se afectaría.

El debate no sólo se encaja en el Páramo de Guerrero, otros páramos como el de Rabanal, están en el radar de las autoridades de control ambiental, ya que la minería ilegal amenaza con acabarlo.

En suma, el agua y los páramos tienen a los organismos en control en alerta máxima y a la opinión publica nerviosa, ya que actividades de minería, como las gravilleras, han abierto una discusión amplia, que enfrenta varios intereses alrededor.

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