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martes, septiembre 28, 2021

La niña de Ubaté que obtuvo el primer lugar en el Concurso Nacional de Cuento

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“Eran cinco minutos después de la media noche y en el cielo nocturno, iluminado por la luna llena, ráfagas brillantes cortaban veloces la oscuridad, dejando trazos de luz. Solo se podía escuchar ese particular zumbido que produce un objeto al cortar el viento y de vez en cuando la risa de una mujer, que se alejaba; algo jovial y graciosa. Esta son las primeras líneas de “Los amigos si caen del cielo”, el cuento con el que María Alejandra Ortegón Poveda, de 10 años de edad, ganó, entre 24.701 historias procedentes de todo el país, el Noveno Concurso Nacional del Cuento RCN – Ministerio de Educación.

El Hay Festival, que se desarrolló entre el 28 y 31 de enero (de 2016) en la ‘fantástica’ Cartagena de Indias, fue el escenario en donde María Alejandra viviría un cuento de hadas gracias a la creación literaria que superó todos los filtros de evaluación del concurso.

Ella, una hija de Ubaté, estaba dejando en alto el nombre de su tierra cuando los micrófonos del Teatro Adolfo Mejía, el antiguo Teatro Heredia, que tiene una capacidad para más de 700 personas, pronunciaban su nombre y el la ‘Capital Lechera de Colombia’, en medio de una transmisión en directo para televisión nacional. Por primera, vez una ubatense alcanzaba tal distinción.

“Los amigos si caen del cielo”

Era abril del 2015. María Alejandra cursaba cuarto de primaria en el Colegio La Presentación. La docente de humanidades les pidió escribir un cuento con tema libre para ser enviado al Noveno Concurso Nacional del Cuento que por esos días estaba en la etapa de recepción. Antes de las 12 de la noche, del segundo domingo de ese mes, debían subir el texto con una extensión máxima de 7.000 caracteres, según las especificaciones del concurso, y llevar el número de registro.

Se acabó esa semana académica. Llegó el fin de semana. Ya se había hecho de todo, menos la tarea de humanidades. Temprano en la mañana de ese domingo, los padres de María Alejandra: Jaime Ortegón y Ana Lucía Poveda y su hermana mayor: Laura, habían acordado ir a ver cine a Chía en familia. Cuando estaban repasando los pendientes, ¡oh sorpresa! se habían dado cuenta que tenían algunas horas para escribir un cuento y, luego, subirlo a la plataforma del Concurso. Manos a la obra.

Eran las 10 de la mañana y ya sabían que el plan de ir al cine debía ser postergado.

En ese momento llegó la inspiración. El afán por el poco tiempo y la rabia colectiva por el cambio brusco de planes, no había alterado el estado de concentración y de creatividad de María Alejandra. Los días de juego en el amplio espacio lleno de naturaleza y vida del patio de ‘Anita’, su abuela materna, junto al amor por los animales, en especial a los gatos, habían llenado la memoria de esta niña con suficientes insumos para lograr compactar las cientos de imágenes que le llegaban a su cabeza en 7.000 caracteres.

Eran ya las cuatro de la tarde, habían pasado seis horas, cinco vasos de agua, tres paquetes de galletas y un suculento almuerzo, cuando la niña Julieta, la bruja Lucrecia, y en especial Oliver, el gato negro, habían llegado a protagonizar “Los amigos si caen del cielo”.

Para la familia Ortegón Poveda el cine de esa tarde había estado en la cabeza y en el alma de su integrante más pequeña. Luego de darle forma y vida a la tarea de humanidades sólo faltaba enviar el cuento al concurso y anotar el número del registro.

El camino hacia Cartagena

Los días pasaron y la tarea se había olvidado. Siete meses después, en octubre, la mamá de María Alejandra recibió una llamada del Concurso Nacional del Cuento en donde le contaron que el cuento de su hija “Los amigos si caen del cielo” había clasificado y estaba entre los 1.000 finalistas y necesitaban hablar con su autora.

El silencio se apoderó unos segundo de la llamada y Ana lucía les confirmó que la niña no estaba con ella ya que se encontraba trabajando. Programaron una nueva llamada para el siguiente día en la tarde.

Inmediatamente y llena de emoción la orgullosa mamá llama a la casa de la abuela Anita en donde está su hija para contarle la buena noticia.

Mi mamá me dijo – ¡Ay, ganaste! ¡Estas entre las semifinalistas! -Y yo no me la creía y salí a correr por todo el solar, -contó la impresionada niña.

La buena nueva se ‘regó’ entre la familia más cercana.

Al siguiente día María Alejandra recibe la llamada del concurso. “Me dijeron que les contará resumido el cuento, los personajes, mis datos personales y que si me llamaban de nuevo era porque había quedaba entre los 100 finalistas”, contó con una gran sonrisa.

-¿Por qué una bruja buena y un gato negro?, le preguntan en medio de la llamada

A lo que María Alejandra responde:

-Mi abuelita nos dice que debemos amar a los animales y siempre hemos tenido gatos y la gente ha dicho que los gatos negros son de mala suerte o que las brujas siempre son malas, pero he visto y he tenido gatos negros y puedo asegurar lo contrario. Entonces, seguramente, tampoco es cierto lo de las brujas.

Tuvo que pasar otro mes para que volvieran a contactarla. Todos habían pensado que hasta ahí había llegado. Pero no, una segunda llamada era la confirmación de que María Alejandra era una de las 100 finalistas. Sí, entre 24.701 cuentos, estaba entre las 100.

La llamada fue muy similar a la primera: resumir el cuento y confirmar los datos. Todo iba por buen camino. Sólo faltaba la última llamada.

María Alejandra en compañía de sus compañeros de curso. La Villa.
María Alejandra en compañía de sus compañeros de curso. La Villa.

El proceso era claro. En la primera fase, los cuentos eran seleccionados por docentes universitarios de Literatura, Lingüística, Comunicación y áreas afines, de universidades vinculadas a ASCUN (Asociación Colombiana de Universidades), quienes por medio de una herramienta de evaluación diseñada por un comité académico especialista en temas de lengua y literatura expresamente para el Concurso Nacional de Cuento, realizarían el primer filtro.

En la segunda fase, escritores y profesionales con amplia trayectoria en las mismas áreas, se encargarían de evaluar los cuentos preseleccionados.

Y en la tercera y última fase, reconocidos escritores nacionales escogerían el grupo de finalistas para remitirlo al jurado final.

Ese jurado final estaba conformado por cinco destacados escritores nacionales e internacionales, quienes, finalmente, escogieron los veinticinco cuentos ganadores, cinco por cada categoría, entre ellos, el de María Alejandra.

la tercera llamada

Era un hecho. La estudiante de cuarto grado del Colegio La Presentación había obtenido el primer lugar de su categoría en el Noveno Concurso Nacional de Cuento RCN – Ministerio de Educación y viajaría a Cartagena a recibir el diploma que la acreditaba como tal.

La última llamada de confirmación selló la buena noticia. Le preguntaron la talla de la camiseta, el nombre del acompañante y tuvieron que realizar varios trámites con documentos públicos ante notario: formato de aceptación del premio, cesión de los derechos de autor y otro de confidencialidad, porque para esa época (mes de noviembre) no podían decir absolutamente nada sobre el premio obtenido en redes sociales y en medios de comunicación.

María Alejandra, la celebridad

Luego de realizar todo el trámite legal, el jueves 28 de enero a las 10 de la mañana, finalmente, la ganadora viaja rumbo al Hay Festival en la ciudad de Cartagena de Indias acompañada por Laura, su hermana mayo. El Concurso cubrió todos los gastos de ella y de su acompañante.

Al llegar a la ciudad amurallada, en el Aeropuerto Internacional Rafael Núñez, gigantescos carteles de bienvenida reciben a los ganadores. Una comitiva del Concurso los traslada al Hotel Caribe. En el camino, las instrucciones y recomendaciones no sobran.

Ya en el hotel la cosa no cambió. Reunión para una pequeña inducción, exposición del cronograma de actividades a realizar, ensayos para la transmisión en vivo, lista de los alimentos que no podían comer por alergia, la comida de preferencia, en fin, nada podía salir mal. “Me sentía como en una película”.

El gran día

El siguiente día empezó muy temprano. A las 8 de la mañana el Teatro Adolfo Mejía estaba ‘a reventar’. Las cámaras estaban listas, los homenajeados en su lugar y la mirada de María Alejandra, la más pequeña de los ganadores y la única mujer en su categoría, apuntaba al público buscando entre los cientos de rostros a sus padres quienes habían viajado hasta el lugar para ver a su hija; ellos por su parte, visualizaban a su pequeña en la pantalla gigante que estaba colgada al fondo del escenario.

La transmisión empezó. Los actos protocolarios y el orden del día iban pasando y otro día del Hay Festival quedaba en las cintas y en los archivos de video, pero la retina de los felices padres iba tallando un recuerdo imborrable en sus corazones hinchados de orgullo.

El minuto cero llegó y María Alejandra, con una sonrisa de oreja a oreja que adornaba su cara, desfiló por el escenario para recibir su diploma, ese cartón que la acreditaba como ganadora.

Terminó la transmisión y el público ‘rompió filas’. Era el momento del abrazo de los ganadores con sus familias. No saben cuándo fue la última vez que se habían abrazado de tal manera. Sólo tenían unos minutos con sus seres queridos antes de continuar con el siguiente evento. Las instantáneas arrojaban sus flashes para buscar el mejor ángulo y en medio de ese mar de lagrimas, felicidad y orgullo que cubrió todo el Adolfo Mejía hubo tiempo para una última foto, esta vez el expresidente de Colombia, Belisario Betancourt, se tomó unos minutos para leer el cuento de María Alejandra, estaba interesado en saber más sobre Lucrecia, la bruja buena de la que se hablaba en el Hay Festival. Luego, la felicitación, con abrazo incluido, quedó registrada en los celulares de sus padres.

Inmediatamente los ganadores debieron despedirse de sus familiares para continuar con la agenda programada. Talleres y charlas con los autores invitados y las entrevistas para radio y televisión nacional completaron el agitado día de más de 11 horas. Cuando el sol cayó y la noche se apoderó del cielo cartagenero era la confirmación de que el telón se había cerrado mientras contemplaba el mar.

Ya al siguiente día, 10 de la mañana, María Alejandra iba de regreso a Bogotá. En el vuelo las imágenes de tan maravillosa experiencia retumbaban en su mente y la llenaron de una merecida satisfacción.

Al final, y como escribió en su cuento, –Debes entonces cerrar fuerte los ojos –dijo Lucrecia***.

Aquí en el acto de entrega del diploma y en compañía de uno de sus gatos negros. Archivo particular.
Aquí en el acto de entrega del diploma y en compañía de uno de sus gatos negros. Archivo particular.

El premio

Además de todo el reconocimiento y de la experiencia vivida, Los 25 ganadores recibieron un computador portátil y la publicación de su obra en el libro antológico de la novena versión del Concurso Nacional de Cuento, Colombia Cuenta.

Derechos de autor

Los ganadores cedieron los derechos patrimoniales de sus textos a los organizadores del concurso para su edición, adaptación, difusión, promulgación, reproducción, publicación, divulgación e investigación de su obra a audiovisual y exhibición por televisión.

Jorge Suárez Celis

Redacción La Villa


***En próximos días se publicará el cuento.

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