La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) identificó los municipios y regiones de su jurisdicción con mayor susceptibilidad a incendios forestales y posibles escenarios de estrés hídrico ante la eventual presencia de un fenómeno de El Niño fuerte, previsto para finales de 2026 y comienzos de 2027, según reportes de agencias nacionales e internacionales.
De acuerdo con el análisis técnico de la entidad, la disminución de las lluvias, el aumento de las temperaturas y la reducción de la humedad podrían afectar la disponibilidad del recurso hídrico, los ecosistemas y la calidad del aire, especialmente en territorios con antecedentes de incendios forestales y desabastecimiento de agua.
Entre los municipios con mayor recurrencia de incendios forestales se encuentran Soacha, Ráquira, Nilo, Guachetá, San Juan de Rioseco, Ricaurte y Tocaima. Además, la CAR identificó zonas donde las condiciones secas podrían incrementar los riesgos para las comunidades y los ecosistemas debido a la presión sobre las fuentes abastecedoras.
La entidad señaló que las provincias de Alto Magdalena, Magdalena Centro, Rionegro, Tequendama, Sumapaz, Bajo Magdalena y Sabana Occidente podrían registrar mayores afectaciones por incendios forestales durante periodos de déficit de lluvias.
Asimismo, la CAR relacionó 20 municipios con mayor susceptibilidad a incendios forestales y desabastecimiento hídrico: Fúquene, Guachetá, Nocaima, Quebradanegra, Ricaurte, Nilo, Girardot, Tocaima, Bituima, Vianí, San Juan de Rioseco, Mosquera, Bojacá, Soacha, Machetá, Manta y Tibirita, en Cundinamarca; y Chiquinquirá, San Miguel de Sema y Ráquira, en Boyacá.
El director de la CAR, Alfred Ignacio Ballesteros, indicó que, aunque la intensidad y duración del fenómeno dependerán de la evolución de las condiciones océano-atmosféricas, es necesario fortalecer las acciones preventivas para reducir los riesgos asociados al desabastecimiento de agua, la degradación de los ecosistemas y la ocurrencia de incendios forestales.
La corporación también advirtió sobre posibles escenarios de estrés hídrico en municipios que dependen de acueductos rurales, pequeñas fuentes abastecedoras y sistemas alimentados por quebradas, nacimientos y corrientes de bajo caudal.
Según la entidad, una reducción en las precipitaciones podría afectar la disponibilidad de agua para consumo humano, actividades agropecuarias y conservación de ecosistemas, especialmente en zonas donde se han registrado episodios de desabastecimiento o alta demanda sobre las fuentes abastecedoras.
Frente a este panorama, la CAR hizo un llamado a las administraciones municipales, organismos de gestión del riesgo, sectores productivos y comunidades para adoptar medidas preventivas orientadas a reducir los impactos relacionados con el aumento de las temperaturas, la disminución de las lluvias, el estrés hídrico y los incendios forestales.

