Teresa Ceballos es ecuatoriana, tiene 71 años y llegó a Ubaté (no recuerda el año) en compañía de su mamá quien empezaba a trabajar en oficios de casa, a las que -en esa época- se les llamaba “sirvientas”. Acompañó a su progenitora hasta que esta faltó, y siguiendo las costumbres del siglo 20, heredó el oficio de su mamá, y asumió así las labores de conserje.
Sirvió durante muchos años a una familia ubatense hasta que ya no pudo trabajar más. Hace 14 años una persona la llevó al Hogar Geriátrico San Carlos y nunca más se volvió a saber ella. Desde entonces, está bajo la protección de esta Fundación quien asumió su manutención.
Según la Encuesta Nacional de Salud, Bienestar y Envejecimiento (Sabe 2015) del DANE, cerca de seis millones de personas son mayores de 60 años. Así mismo, se identificó que el 12 por ciento de los adultos mayores en el país han sufrido maltrato.
En Ubaté, la Fundación Geriátrica San Carlos nació hace 15 años con la intención de velar por esa población vulnerable, que necesita cuidado, apoyo y amor. Se describen como una familia de 35 integrantes.
Las historias de cada uno de ellos son impactantes y dolorosas, y sus vidas no han sido las más privilegiadas. Pero ven en San Carlos esa posibilidad de tener una vejez digna, aunque estén pasando por momentos de necesidad.
Los integrantes de la familia San Carlos están acompañados por dos enfermeras y una auxiliar, dos en el día y una en la noche. La mayor exigencia del fundador del hogar geriátrico es el aseo de todos los que habitan la casa, junto a la comida.
Este hogar ha recibido personas víctimas del conflicto armado, jóvenes consumidores de drogas, adultos mayores, personas en condición de calle y mujeres víctimas de violencia intrafamiliar. Todos, sin importar estrato social o posibilidades económicas, han encontrado un lugar seguro, una familia a la cual llegar.
Con el paso del tiempo han tenido que enfrentar a varias dificultades económicas con las que incluso se han planteado cerrar. Y es que a diferencia de otros ‘ancianatos’, San Carlos se sostiene prácticamente con la ayuda de personas de buen corazón ya que, aunque los beneficiarios entran pagando una mensualidad, muchos no pueden asumir ese costo mes a mes y dejan de pagar o sus familias los olvidan y abandonan.
Esta es una situación constante, lo que pone en serios aprietos las finanzas de este hogar, y a pesar de que algunos no puedan pagar el costo de su estadía, allí siguen, porque como lo dicen ellos: “la familia no se abandona, no se deja en la calle para que se defiendan solos”.
Lo que se recaudan no alcanza para sostener la Fundación; hay gastos en mercados, pañales, medicina, entre otros que en ocasiones deben ser asumidos por su fundador.
Las 35 personas viven en tres casas por las que deben pagar cerca de $2 millones mensuales de arriendo. Sin embargo, una de estas casas va a ser vendida para dar paso a una construcción nueva, lo que los dejaría hacinados en dos inmuebles.
Si bien, la situación financiera no es la mejor, este hecho complica aún más su futuro. Por esto, la Fundación San Carlos hace un llamado a que las personas que tienen la posibilidad de ayudarlos lo hagan. Que se solidaricen con el dolor y las necesidades del otro y hoy la necesidad más grande de esta Fundación es obtener un terreno propio donde pueda construir unas instalaciones nuevas que brinden más comodidad, seguridad y bienestar a los abuelos que más lo necesitan.
En menor tiempo, solicitan un inmueble en arriendo para poder albergar a parte de los abuelos que quedarían sin espacio.
Si usted desea apoyar a esta Fundación, puede comunicarse al número celular: 310 7996645.
Juan Diego López
REDACCIÓN LA VILLA

