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martes, septiembre 28, 2021

La Laguna de Fúquene vuelve a la vida con la presencia de veleros en sus aguas

Desde 2016, cuando arrancó ‘Por Fúquene todos de Corazón’, la CAR ha logrado retirar más de 3.200.000 metros cúbicos de material vegetal, lodos y sedimentos.

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Tal vez, las últimas fragatas que se realizaron en la Laguna Fúquene fueron organizadas por el reconocido escritor y poeta chiquinquireño, “El Jetón” Ferro, a mediados del siglo pasado. Reconocidos políticos, escritores e intelectuales del país visitaban las frías aguas de la laguna cuando Ferro los invitaba a su isla El Santuario. Una de esas reuniones, con 800 invitados, terminó en tragedia cuando una embarcación que transportaba a reconocidos actores de la clase alta bogotana naufragó en la mitad de la laguna.

El fin de semana pasado se volvió a realizar una competencia de veleros, de esas que organizaba el poeta, pero esta vez abierta al público y la región. La competencia fue posible gracias a la labor titánica que emprendió la CAR para recuperar la laguna que se ha denominado “Por Fúquene todos de corazón” y, aunque era una obra que se necesitaba hace mucho tiempo, solo comenzó hace cuatro años. Para mostrar el avance, los resultados obtenidos hasta hoy y el cambio de dirección en la Corporación se realizó una serie de ejercicios náuticos en el espejo de agua recuperado.

Según la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca, el deterioro ambiental de la Laguna de Fúquene evitó la navegabilidad durante décadas. La entidad aseguró que la presencia de veleros es un indicador del avance en el proceso de recuperación integral.

Luego de un recorrido por la laguna el saliente director de la CAR, Néstor Franco, y quien asumirá el cargo en 2020, Luís Fernando Sanabria, se aclaró en una rueda de prensa que este es un proyecto de largo aliento. “Nos hicimos la propuesta de trabajar en un marco de 10 años para entregarle al altiplano cundiboyacense y al país una laguna de Fúquene plenamente recuperada. Hemos dado los primeros pasos, ahora viene la tarea importante de continuar y de lograr que la laguna se convierta en el principal escenario ecoturístico y de ejercicios náuticos de Bogotá y las zonas aledañas”, afirmó Franco.

La competencia comenzó después de mediodía cuando los vientos comenzaron a soplar fuerte, lo suficiente para que los veleros se impulsaran y se pudiera desarrollar la competencia. Mientras los deportistas náuticos alistaban sus velas, los asistentes esperaban para que una lancha les diera un recorrido por las frías aguas de la laguna y los llevara a conocer la casa eterna de “El Jetón” Ferro: la Isla El Santuario.

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La laguna de Fúquene no recibía veleros desde hace 40 años. El alto grado de contaminación y la reducción del espejo de agua lo impedía. Foto: Joaco Carrillo.

Un grupo de periodistas de distintos medios y visitantes previamente inscritos dimos un recorrido hasta la isla que antes pertenecía al Instituto Geográfico Agustín Codazzi y que ahora será administrada por CAR durante 10 años.

Mientras los veleros estaban en competencia y el sol resplandecía en la mitad de un cielo despejado y el arco iris pintaba los cielos, nosotros nos alejábamos del puerto y podíamos ver de primera mano el trabajo de recuperación del espejo de agua y, aunque todavía hay presencia de maleza, ya es más fácil navegar y llegar a las islas.

Con un recorrido guiado por personal de la Corporación Autónoma conocimos la casa que habitó durante muchos años el poeta Antonio María Ferro Bermúdez. La isla El Santuario que en la época precolombina sirvió como monasterio de monjes muiscas inspiró al escritor durante mucho tiempo. Allí todavía se encuentran algunas sillas en las que solía sentarse para escribir sus poemas, un reloj de sol y otros lugares fascinantes que ahora todos podemos visitar.

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En la época prehispánica, la laguna de Fúquene era un cuerpo de agua con más de 12.000 hectáreas nombrado por los muiscas como el lecho de la zorra. Foto: Joaco Carrillo.

Después de muchos años se ve una laguna renaciente y que al fin se le da la importancia que merece. Sin embargo, falta que los habitantes de toda la región entendamos la importancia de cuidar la laguna y todas las fuentes hídricas que tenemos. Es fundamental que tomemos conciencia de la riqueza para protegerla y generar proyectos productivos entorno esto. Velando por la preservación de nuestra casa común que hoy en día está tan amenazada por el animal que reina en el mundo, pero solo destruye: el hombre.

Así las cosas, las aguas que antes eran cristalinas, y según la leyenda, protegidas por el dios Fu, una especie que personificaba al demonio que tenía cabeza y cola de zorro y figura humana, hoy renacen y vuelven a mostrar la imponente laguna que alguna vez fue.

Juan Diego López

REDACCIÓN LA VILLA


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