La Ruta Rosa, una travesía que reunió a más de 280 mujeres sobre una bicicleta

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El 12 de diciembre de 2014 adquirí mi bicicleta rin 27.5 color negro marca Orbea. Desde ese día empecé a recorrer las diferentes rutas que el valle de Ubaté ofrece para los que nos agrada la montaña, el campo y respirar aire puro.

1.031 días después, la bicicleta ha venido ganando terreno importante y su protagonismo ya logró contagiar a muchas personas que hoy conocen más su territorio rural gracias a ella.

Dicen los expertos que montar en bicicleta con cierta frecuencia nos ahorra visitas al médico reduciendo, por ejemplo, el riesgo de infarto en un 50 por ciento, con un pedaleo a un ritmo normal nuestro corazón trabaja mejor y nuestra presión arterial disminuye, eliminamos el colesterol malo, evitando la obstrucción de nuestros vasos sanguíneos, y así, la lista de beneficios es interminable.

Como el televisor y el celular, la bicicleta ya es un elemento esencial en el hogar, o al menos en la región en la que vivo.

La Ruta Rosa

La región del valle de Ubaté lleva más de dos años sirviendo de sede para múltiples eventos deportivos que utilizan sus espacios como pistas para desarrollar cada encuentro y la mayoría son de carácter ciclístico.

Pese a ello, esta es la primera vez que en Colombia se organiza una carrera de montaña exclusiva para mujeres y que llevó como eslogan: Las reinas también montan en bicicleta.

En total fueron 280 mujeres, de todas las edades, que aceptaron el reto de recorrer los 25 o 40 kilómetros a bordo de sus caballitos de acero.

La salida estaba dispuesta para las 08:30 de la mañana desde el Estadio Municipal de Ubaté, pero como pasa en la mayoría de eventos de este tipo, nunca se cumple con la hora estimada. Sobre la hora seguían llegando mujeres con sus camisetas rosadas para unirse al grupo que se encontraba en la salida esperando la orden de partida. Luego de 22 minutos de retraso, finalmente las ciclistas salieron.

Enseguida de ellas, estábamos los caballeros listos para ir detrás de la mujeres, pero por distintas rutas (en algún punto nos uníamos). Los espectadores que acompañaron a algunos participantes despidieron a cada corredor con aplausos y palabras motivadoras, que no sobran nunca.

El clima ayudó, hubo un cielo despejado y, aunque el sol estaba buscando su mejor posición, las nubes no dejaron que el ambiente se calentara demasiado, más bien permitió que las brisa refrescara cada kilómetro recorrido.

El polvo que emanaba de la tierra por paso de cada llanta se elevó tanto como el ciclista más alto a bordo de una bicicleta rin 29, sobretodo en el sector de La Balsa. Más adelante, los ciclistas aficionados nos íbamos dispersando hasta que creíamos que pedaleábamos solos. Llevábamos ya seis kilómetros de recorrido.

Como no había corredores a quién seguir, la señalización fue clave para ir por la ruta demarcada, la cual fue efectiva. Con fechas de color blanco, pintadas sobre la tierra, la pista siempre fue clara y no hubo confusiones. Además, de vez en cuando, la Policía y uno de los organizadores la recorrían en motocicleta.

En un punto, cuyo nombre desconozco, se dio la separación de los recorridos. Los guías me indicaron el camino para los 25 y 40 kilómetros. Elegí el más largo.

Ya en la vereda La Isla, en Guachetá, la pista nos invitó a la montaña, con caminos más angostos, muy propicios para la práctica de este deporte. Desde ahí siempre planos.

Sobre la recta final nos encontramos con el último ascenso, alrededor de tres kilómetros, para descender de nuevo y llegar a La Balsa. Sobre ese punto observé a la primera mujer, que a la postre sería la primera en llegar a la meta, la cual estaba acompañaba de su pareja. Iban muy motivados y a buen ritmo.

Finalmente, me encontré con la vía principal, que me llevó a Ubaté y esa fue la parte más aburrida de la carrera. Luego, llegué a la meta.

Desde ese momento solo fue cuestión de tiempo para que cada participante atravesara la meta. Aquí no importó el tiempo que les tomó y mucho menos en qué clase de bicicleta la recorrieron. Este tipo de eventos tiene un mérito para el grupo que lo organizó: Martha Montaño, Javier Calderón, Andrés Morales y César Pinilla que, durante casi tres meses, con ayuda de sus familias, lograron motivar a muchas mujeres que, por primera vez, se montaran en una bicicleta.

Esperemos que más eventos de este tipo nos sigan reuniendo.

 Jorge Suárez Celis

Periodista