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sábado, junio 19, 2021

Beatriz Arévalo Daza, ‘la profe’

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Mujer, docente, madre, pedagoga y con vocación de servicio a la comunidad. Así es conocida Beatriz Arévalo Daza, de 65 años de edad, oriunda de Tibaná, Boyacá, pero con raíces en su segundo hogar: Ubaté.

Y es que desde que llegó a la capital lechera de Colombia, hacia 1970, esta magíster en Administración Educativa y licenciada en Idiomas, se involucró con la educación. Varios ubatenses crecieron y se formaron con las clases de español, educación física y religión que en su momento dictó en el Colegio Santa María, y en las sedes de la Patera y Tausavita de la Normal.

Desde 1971, año en el que fue nombrada en propiedad como docente del Colegio Santa María, hasta 1998, la profe Betty, como es llamada, se desempeñó como maestra de la institución femenina. Al siguiente año, en 1999, asumió por primera vez el cargo de rectora de la Normal, cuando este colegio se encontraba en proceso de acreditación de calidad.

Durante dos años, la profe Betty estuvo en la cabeza del colegio, con énfasis pedagógico, consiguiendo la acreditación de calidad y proyectándolo como formador de futuros maestros, como es conocido hoy en día.

LA RECTORA

En el 2001 volvió a pisar el colegio Santa María, pero esta vez como rectora. Aunque no duraría mucho tiempo, ya que en el año 2002 fue designada como directora de la Institución Educativa Departamental de Sutatausa. Allí permaneció durante tres años, siempre destacándose por su labor.

El destino no tenía en sus planes separarla del Colegio San María, ya que para el año 2005 nuevamente volvió a asumir las ‘riendas’ del colegio femenino. Esta vez iba a ver pasar varios almanaques por su oficina. Durante siete años y medio, la profe Betty logró posicionar el Colegio Santa María como uno de los mejores del país. Las alumnas empezaron a destacarse en las pruebas del Estado. Las principales universidades de Bogotá voltearon sus ojos hacia el colegio, para ofrecer sus becas a las estudiantes más destacadas y los padres de familia se ‘peleaban’ por un cupo para que sus hijas ingresaran a esta institución.

El papel destacado que estaba logrando la profe ‘Betty’ llamó la atención del entonces Secretario de Educación Álvaro Díaz Garavito, quien la visitó en su oficina con un objetivo claro: lograr convencerla de asumir la rectoría del Instituto Bolívar, colegio que se encontraba atravesando una crisis académica y disciplinaria. “Recuerdo que él (Garavito) me dijo: “Dame una manito Betty”, narró, Arévalo.

Y así fue, para mediados del 2011, la profe ‘Betty’ llegó a la dirección del Colegio Simón Bolívar, con el pesar de los docentes, las alumnas y los padres de familia del Colegio Santa María, quienes rechazaron la determinación de la rectora. “Me hicieron llorar mucho en la despedida”, recuerda con cariño Beatriz.

LA ERA EN EL INSTITUTO BOLÍVAR

Después de haberse secado las lágrimas, la profe ‘Betty’ pasó la página para empezar a escribir otra historia marcada por el éxito y el reconocimiento. El camino no fue fácil. Beatriz encontró un colegio ‘fracturado’. Los alumnos evadían clase, el comportamiento brillaba por su ausencia, la planta física estaba en progresivo deterioro y los escritorios de los maestros estaban saturados con los llamados de atención que ellos le imponían a sus alumnos.

Las acciones no se hicieron esperar. La profe ‘Betty’ ordenó la construcción de un muro de contención en la parte norte del colegio, área que estaba descubierta y que permitía la evasión de clase. Con los alumnos controlados en el interior de claustro, se volvieron a llenar los salones. El clásico uniforme del saco rojo, que identifica a los del Bolívar, regresó, y con esto la identidad del colegio quedó marcada.

El discurso también cambió. Se empezaron a colocar las reglas de juego: hora de entrada, límite de fallas, presentación personal, buenos modales, actas de compromiso con padre de familia y disciplina.

A su vez, se realizaron 33 obras, entre las que se cuentan: la construcción de la cafetería, la ampliación de la biblioteca, la remodelación de las oficinas y la demolición de construcciones en deterioro, que dieron paso a las zonas verdes y el inicio de la construcción del actual Aula Máxima.

En suma, el Instituto Bolívar empezó a brillar: “No solo se empezó a mejorar la infraestructura. También mejoró el comportamiento de las niñas, la colaboración de los niños, el autoestima de los docentes, la imagen y percepción del colegio”, concluyó Arévalo.

Y sí, en tres años y medio había convertido un colegio en permanente desastre en uno en continuo crecimiento.

EL TIEMPO DE DECIR ADIÓS

En marzo del 2014, y a sus 64 años de edad, la profe ‘Betty’ le dijo adiós al Instituto Bolívar, a las rectorías y a los colegios. Se retiró con todos los pergaminos y el reconocimiento de un pueblo que aplaudió su trabajo.

COVIMPRU

La profe ‘Betty’ también participó en la formación y creación de la Cooperativa de Maestros de Vivienda de Ubaté (Covimpru), sector que hoy en día es una importante zona del municipio de Ubaté. En sus inicios, por allá en 1989, un grupo de profesores, con la presidencia de Beatriz Arévalo, tuvo la iniciativa de crear una cooperativa de ahorro con el fin de construir vivienda.

En sus primeros días, la recién creada asociación, reunió a 200 personas. “En ese momento manejé importantes recursos que luego dio como resultado la entrega de las primeras 66 viviendas”, contó ‘Betty’

Además de las nuevas casas, el recién fundado conjunto residencial de Ubaté, se entregó con áreas comunes y zonas verdes, así como parqueaderos.

NUEVOS RETOS

Ahora, su nuevo desafío es llegar a ser la próxima alcaldesa del municipio de Ubaté, como candidata del Partido Liberal.

 

Jorge Suárez Celis

REDACCIÓN LA VILLA

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