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domingo, julio 3, 2022

Cultura y lengua desde Alemania para Colombia

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La Feria Internacional del Libro de Bogotá no solo tiene libros. En ella también hay espacio para muestras culturales y eventos académicos. Una de las mejores que encontramos fue la del stand del Goethe-Institut, el representante cultural de la República Federal de Alemania en Colombia.

Tras dieciocho años de ausencia, regresó al evento librero para impulsar y apoyar las relaciones exteriores a través de la cultura y la lengua. ¿Por qué no estuvo el Instituto en dos décadas?
Por un lado, la Filbo tiene estrategias que le permiten decidir qué países lleva al recinto. Los intereses en cuanto a la promoción de la literatura en un país y no en otro inciden en esta determinación. Mejor dicho, “no es ir por ir”, como contó Gladys Rodríguez, del equipo de Relaciones Públicas del Goethe-Institut.

Por otro lado, esa institución se ciñe a las directrices de la República de Alemania. Esta vez, la determinación fue participar en la edición número 28 de la Filbo, y aunque no tiene ningún libro para la venta, está “porque Colombia es un gran destino para Alemania”, dijo Rodríguez.

Si no son libros, entonces ¿qué?

Cultura y academia por medio de la lengua, esta fue la oferta del Goethe en Corferias. Presentó su portafolio académico, por supuesto, y dio cuenta de sus expresiones culturales y de su lengua. Para ello se valió de la poesía slam y de clases rápidas de alemán.

Empecemos por lo menos conocido. ¿Poesía slam? Más de uno dirá: ¡pero qué es esa vaina! Para Gladys, una manera sencilla de entender la poesía slam es verla como el “hip hop, con poesía rápida acompañada de un sonido de fondo”. Más a fondo, comprender el slam es ir por el rap.

Seguramente hemos visto a los raperos batirse en duelo mientras componen sus rimas, siempre con el ánimo de ganarle a otro frente a un público que lo sigue o lo abandona. Es lo que se conoce como “batalla de gallos”, una receta a la que se le agrega un ring de boxeo… Sí, porque las batallas de gallos se componen de rondas, como en ese deporte.

El slam, que es poesía oral interpretada, comparte que se trata de un duelo de al menos dos poetas que quieren ganarle al otro; pero difiere en que es el público quien define quién pasa a la siguiente ronda. Por eso el duelo no se bate frente al contendor sino de cara al público. Son doce rondas en cada una de las cuales los poetas tienen tres minutos para dramatizar su poema.

Bass Bötcher y Dalibor Markovic son los dos poetas slam alemanes que vinieron para la Feria del Libro y aunque sabemos que no todos nuestros lectores dominan la lengua alemana, sí los invitamos a ver estos videos hasta el final, en los que la poesía slam brilla por su variedad rítmica:


El otro componente que llevó el Goethe-Institut a la Feria fue el alemán hecho pequeñas sesiones de clase. Veinte minutos en los cuales dejó de ser esa lengua ruda que nos pintaron las películas de las guerras. “La gente siente que el alemán suena como si un perro ladrara”, le contó Gladys al Periódico La Villa. Con la muestra cultural actual y con su pedagogía, el Goethe intentó cambiar esa imagen. ¿Qué resultado tuvo?

Tatiana, una joven de 19 años que pasaba por el pabellón internacional, vio una gran cantidad de gente que se agolpaba en un stand. Fue con sus dos hijos de 7 y 9 años, y con una amiga que la acompañaba, también junto a su hijo, a ver lo que causaba alboroto. Casi 20 personas reían mientras aprendían alemán. Esperó hasta poder hacerse partícipe de la actividad y cuando la terminó nos relató:
“Puede que no entienda, pero quedé emocionada porque aprendí cosas que no pensé. Y mis hijos estaban contentos, se acercaban todos curiosos y querían repetir todo (…) Fue divertido y ahorita me parece que puede que el alemán no sea tan raro como pensaba”.

Le preguntamos a Gladys sobre la respuesta que ha tenido esta propuesta para acercar el alemán a la gente, o la gente al alemán. Según su apreciación, ha tenido gran acogida “pensando que (el alemán) es más dulce al oído”. Y es que del cine a la realidad hay un gran abismo: “Si yo te digo ‘te amo’ en alemán, no te lo digo como lo piensa todo el mundo, con el alemán de la Segunda Guerra. Si te lo digo como ahora, Ich liebe dich, no suena tan duro ni tan difícil”, prosiguió.

Es por eso que los profesores del Goethe son expertos en enseñar un idioma que, aunque “diferente” del español, se disfruta gracias a unas técnicas y lúdicas específicas. “Y esas técnicas y lúdicas son lo que hemos traído a la Feria, que han funcionado: acá (en el stand) comienzan 20 personas y de un momento a otro se unen 30 o 40”, concluyó la vocera.

El reto

La misión del Goethe-Institut está en esa capacidad de atraer a la gente, porque al fin de cuentas la lengua alemana ya tiene su público (target en términos de Gladys). La gente joven, por ejemplo, quiere irse a estudiar a Alemania. Los estudios en ese país no son costosos, así como vivir.

En comparación con el norte de Suiza, con ciudades de Francia, con toda Suecia, con el Reino Unido y otras naciones de la Unión Europea, el país de la fiesta cervecera y la feria comercial de libros más grande del mundo ofrece mejores costos de vida incluso a los visitantes, más si se trata de universitarios, a quienes la gente recibe muy bien.

Alemania es una comunidad bastante ordenada, limpia, decidida a superar las barreras que una vez la condenaron. Culturalmente, es diversa y comprensiva de esa realidad. Lo curioso que tiene es que de todo el mundo que quiere irse para allá, el 95 % planea ir a Berlín, mientras que a las otras ciudades desea ir el restante 5 %. Quizá porque Berlín siempre está despierta y en ella siempre hay algo que hacer a la hora que sea.

Por: Juan Carlos Molano Carrillo
Especial para Periódico La Villa

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