El pasado 14 de marzo, de 2021 los colegios de La Peña, Fosca, Gama, Cajicá y Tabio regresaron a clases en modelo de alternancia, luego de que la Gobernación de Cundinamarca anunciara el inicio de las actividades escolares con los protocolos establecidos por el Ministerio de Salud.
De acuerdo con el Gobernador, un total de 2.988 estudiantes en 75 sedes educativas empezaron las actividades académicas. También, que los municipios de Caparrapí, Tena, Quetame, Junín, Guayabetal, Tausa, Anapoima y Carmen de Carupa, continuarán y, de poco, se irán sumando las sedes educativas de todos los 116 municipios. La meta de la Gobernación es que en un mes todo el departamento esté en alternancia.
Esta decisión abrió varios interrogantes al respecto, pues si bien ya se completó un año fuera de las aulas, aún existen dudas y hasta miedos con la idea de que los niños y jóvenes retornen a los colegios.
LA VILLA buscó a una madre de familia que vive en zona rural de Ubaté para conocer su opinión sobre si está de acuerdo con que su hijo de 10 años, que cursa quinto grado, regrese a las aulas. También hablamos con un rector de un colegio privado y uno público para que nos compartieran sus experiencias y cómo se han venido preparando para el retorno escolar.
Temas como la conectividad, calidad de la educación, el trabajo de los padres de familia, la supervisión y acompañamiento de las actividades académicas y, por otro lado, aspectos como los protocolos de bioseguridad, los aforos y espacios, son solo algunos de los puntos que son tenidos en cuenta a la hora de colocar en la balanza.
El trabajo en casa
Claudia Peña es madre de dos hijos, Mateo de 10 años, quien cursa el grado quinto en el Colegio Icam; y de Nicolás, con apenas un año. Cuando el confinamiento empezó en marzo de 2020, ella acababa de tener a su hijo menor. La noticia de la cuarentena llegó con la novedad de las clases virtuales. Como la mayoría de familias, no estaba preparada para este proceso. “Fue un cambio drástico porque yo no me esperaba esto. Además, acababa de tener mi bebé, estaba en lactancia, entonces todo se juntó. Eran oficios del hogar, bebé y estar pendientes de las tareas, actividades y exposiciones de mi hijo”, cuenta.
La conectividad fue la mayor preocupación, pues a pesar que por fortuna contaban con un computador portátil, no tenían internet, lo que le dificultó el trabajo de Mateo, quien en ese momento cursaba cuarto grado y tenía 9 años. “Gracias a Dios ya teníamos computador, pero no teníamos internet y nos tocaba con los datos del celular, pero eran recargas y eso no duraba nada. Mi esposo recargaba $10 mil y a veces tenía que conectarse uno o dos horas y todo se iba en eso y pues era ya mucho gasto”, menciona.
Explica que, en varias oportunidades, debido a la carencia del internet, le tocó preguntarle a la profesora vía WhatsApp la ampliación y explicación de los temas que estaban tratando. Con dificultades lograron terminar el año escolar 2020.
Ya para este año, la situación cambió a favor. Con la noticia de que se continuaría, por lo menos los primeros meses en la virtualidad, se prepararon e instalaron una red de internet, y fueron soltando un poco más a Mateo en cada proceso. “Ya lo vamos dejando para que empiece a manejarse solo porque yo le digo que algún momento debo salir a trabajar y pues no debe estar tan dependiente de mi”, expresa.
Al preguntarle si está de acuerdo con el regreso a las aulas, ella responde que sí. “Estoy de acuerdo con que regresen al colegio porque yo al niño lo veo cansado. Él ya quiere ver a sus compañeros, su colegio, interactuar. En la encuesta que nos envió el colegio yo dije que sí. Me da miedo por el tema del covid, por el mismo contacto, pero ya le hace falta el colegio”, manifiesta.
Colegio privado
El Instituto de Ciencias Agroindustriales y del Medio Ambiente (Icam) ha venido desarrollando todo un proceso de adaptación en su planta física como en sus procesos académicos y, de acuerdo con su rector, Rafaél Rincón, ya están listos para el retorno de los estudiantes. Así lo hizo saber el directivo, quien, en conversación con este medio, explicó todo el trabajo que han realizado para garantizar que el retorno de sus estudiantes sea seguro.
“Hicimos toda una caracterización del servicio educativo teniendo en cuenta varios detalles, como la procedencia de los estudiantes, la actividad económica de sus padres, su nivel educativo. Tuvimos en cuenta también el tema de las comorbilidades tanto de los estudiantes como el de las personas que viene con ellos y, finalmente, si estaban de acuerdo con regresar al colegio”, mencionó.
Varias instituciones educativas, sobretodo las privadas, ya se sienten listas para el retorno seguro de sus estudiantes. En esta foto vemos un aula escolar del colegio Gimnasio de los Andes, en Ubaté – Cundinamarca. Foto: Diego Mauricio Gonzalez.
Agregó que de los 358 estudiantes que tienen matriculados este año, 88 familias respondieron que no enviarían a sus hijos al colegio, en cambio, 270 indicaron que sí. “El tema de la alternancia es voluntaria, el que desee quedarse en casa lo hace y el colegio está en la obligación de fomentar una estrategia para que puedan seguir con sus clases como lo vienen haciendo durante este tiempo de virtualidad”, explica Rincón.
El directivo hace énfasis en que el proceso de retorno a las aulas debe ser de manera progresiva, porque requiere de una preparación. “Deben aprender a identificar los espacios, dónde es el lavado de manos, dónde y cómo tomar las onces y en qué lugar. Además, un salón antes de la pandemia estaba alrededor de los 25 a 30 alumnos, ahora en alternancia solo podrán estar según su capacidad, es decir entre 11 a 15 estudiantes”, culmina el rector.
Colegio público
Contrario a lo que sucede con la mayoría de los colegios privados, los colegios públicos cuentan con un mayor número de estudiantes matriculados, y para el caso de la Escuela Normal Superior de Ubaté (ENSU), que históricamente ha sufrido de hacinamiento escolar, el tema de la alternancia sugiere un reto igual de grande a sus dificultades, pues al contar con poco espacio y numerosos alumnos, las opciones de retorno no se vislumbran, por los menos en el corto plazo.
En conversación con el rector de esta institución educativa, Juan José Cubillos, indicó que la ENSU cuenta con más de 1.800 alumnos, 1.500 de ellos concentrados en la sede central, y están a la espera de recibir hacía el mes de noviembre la nueva sede; es decir que, por ahora, deben trabajar con lo que tienen.
“Acabamos de recibir una dotación por parte del alcalde de Ubaté de lavamanos, termómetros, geles y demás, para empezar a adecuar los espacios. Entonces ya creamos el comité de alternancia institucional y pertenecemos al comité de alternancia municipal, organizando todo lo que se viene. No nos estamos negando, los maestros seguimos dispuestos a continuar con los chicos en las casas, mientras sorteamos todos los inconvenientes”, dijo Cubillos.
Señala, además, que se encuentran adelantando la caracterización y realizando las encuestas a los padres de familia para recopilar la información que requieren.
La sede central cuenta con una sola entrada, dos patios y tiene 46 aulas, y al dejar 10 estudiantes por salón, tendría una capacidad de 460 alumnos, y solo el 50% de ellos ronda los 700, es decir que la capacidad no podría superar el 30%. “Nuestro caso es muy diferente al de los colegios privados, pues ellos no tienen sedes, y la demanda no es tan alta, pero los públicos sí tenemos líos. Hay mucho estudiante y poco espacio y tenemos sedes con poca ventilación”, recalca el rector.
Pero no solo la insuficiente infraestructura representa una dificultad. Para Cubillos, el ingreso seguro y progresivo de los estudiantes pasa por varias variables, entre la que se encuentra el comportamiento ciudadano frente al estado de la pandemia, pues entrega “una pista” de la realidad. “Se viene Semana Santa, y se espera que esta situación no nos vaya a afectar como sucedió en navidad”, menciona.
Hace hincapié en que tanto los maestros y directivos docentes no tienen afiliación a riesgos laborales y que la EPS no está certificando el estado de comorbilidad de los docentes. Otro factor que pone sobre la mesa es la inseguridad jurídica, pues ante posibles situaciones de afectación por covid, pueden tener repercusiones jurídicas, así como responsabilidad civil y disciplinaria.
El rector va más allá al indicar que en muchas ocasiones siente presión por parte del Ministerio y Secretaria de Educación. “Me llaman dos veces por semana para preguntarme que qué pasa con la alternancia, pero eso no es solo abrir las puertas y ya”, menciona. Agrega que cuenta con un equipo de 74 docentes, pero que a la fecha le hacen falta cuatro: dos que renunciaron y dos a quienes les aprobaron traslado, personal que no ha sido reemplazado en un año en que aumentaron 150 estudiantes más que el año pasado. “Nos piden que apresuremos la alternancia, pero no nos garantizan todas las condiciones para ello”, coccluye Cubillos.
Por ahora, no hay claridad sobre las fechas, y tanto los padres de familia, estudiantes y docentes están con opiniones divididas e interrogantes, que esperan con el paso de los días se vayan resolviendo de acuerdo al comportamiento de la pandemia, el avance de la vacunación y la adecuación de los protocolos de bioseguridad.
Jorge Suárez Celis
REDACCIÓN LA VILLA

