
Mujer, docente, madre, pedagoga y con vocación de servicio a la comunidad. Así es conocida Beatriz Arévalo Daza.
Y es que desde que llegó a la capital lechera de Colombia (en 1970), esta magíster en Administración Educativa y licenciada en Idiomas, se involucró con la educación. Varias generaciones de ubatenses crecieron y se formaron con las clases de español, educación física y religión que en su momento dictó en el Colegio Santa María.
Desde 1971, año en el que fue nombrada en propiedad como docente del Colegio Santa María, hasta 1998, la profe Betty, como es llamada, se desempeñó como maestra de la institución femenina. Al siguiente año, en 1999, asumió por primera vez el cargo de rectora de la Normal, cuando este colegio se encontraba en proceso de acreditación de calidad.
La rectora
En el año 2002 fue designada como directora de la Institución Educativa Departamental de Sutatausa. Allí permaneció durante tres años.
El destino no tenía en sus planes separarla del Colegio San María, ya que para el año 2005 nuevamente volvió a asumir las ‘riendas’ del colegio femenino. Esta vez iban a ver pasar varios almanaques por su oficina. Durante siete años y medio, la profe Betty logró posicionar el Colegio Santa María como uno de los mejores del departamento y del país. Las estudiantes empezaron a destacarse en las pruebas del Estado. Las principales universidades de Bogotá voltearon sus ojos hacia el colegio, para ofrecer sus becas a las jóvenes más destacadas y los padres de familia se ‘peleaban’ por un cupo para que sus hijas ingresaran a esta institución.
El papel destacado que estaba logrando la profe ‘Betty’ llamó la atención del entonces Secretario de Educación Álvaro Díaz Garavito, quien la visitó en su oficina con un objetivo claro: lograr convencerla de asumir la rectoría del Instituto Bolívar, colegio que se encontraba atravesando una crisis académica y disciplinaria. “Recuerdo que él (Garavito) me dijo: “Dame una manito Betty”, narró, Arévalo.
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Y así fue, para mediados del 2010, la profe ‘Betty’ llegó a la dirección del Colegio Simón Bolívar, con el pesar de los docentes, las alumnas y los padres de familia del Colegio Santa María, quienes rechazaron la determinación de la rectora. “Me hicieron llorar mucho en la despedida”, recuerda con cariño Beatriz.
La era en el Instituto Bolívar
Después de haberse secado las lágrimas, la profe ‘Betty’ pasó la página para empezar a escribir otra historia marcada por el éxito y el reconocimiento. El camino no fue fácil. Beatriz encontró un colegio ‘fracturado’. Los alumnos evadían clase, la planta física estaba en progresivo deterioro y los escritorios de los maestros estaban saturados con los llamados de atención que ellos le imponían a sus educandos.
Las acciones no se hicieron esperar. La profe ‘Betty’ ordenó la construcción de un muro de contención en la parte norte del colegio, área que estaba descubierta y que permitía la evasión de clase. Con los colegiales controlados en el interior de claustro volvieron a irradiar las aulas de clase. El clásico uniforme del saco rojo, que identifica a los del Bolívar, regresó, y con esto la identidad del colegio quedó marcada.
El discurso también cambió. Se empezaron a colocar las reglas de juego: hora de entrada, límite de fallas, presentación personal, buenos modales, actas de compromiso con padre de familia y disciplina.
A su vez, se realizaron 33 obras y remodelaciones en la planta física, entre las que se cuentan: la construcción de la cafetería, la ampliación de la biblioteca, la remodelación de las oficinas y la demolición de construcciones en deterioro, que dieron paso a las zonas verdes y la construcción del actual Aula Máxima (salón blanco).
“Los logros alcanzados institucionalmente fueron con colaboración de los docentes, padres de familia, estudiantes y la ciudadanía en general, gracias a la organización de los grupos de trabajo en el que hicimos construcción social”, detalló
En suma, el Instituto Bolívar empezó a brillar: “No solo se empezó a mejorar la infraestructura. También mejoró el comportamiento de las niñas, la colaboración de los niños, el autoestima de los docentes, la imagen y percepción del colegio”, concluyó Arévalo.
En marzo del 2014, y a sus 64 años de edad, la profe ‘Betty’ le dijo adiós al Instituto Bolívar, a las rectorías y a los colegios. Se retiró con todos los pergaminos y el reconocimiento de un pueblo que aplaudió su trabajo.
Covimpru
La profe ‘Betty’ también participó en la formación y creación de la Cooperativa de Maestros de Vivienda de la provincia de Ubaté (Urbanización Covimpru), sector que hoy en día es una importante zona residencial del municipio de Ubaté. En sus inicios, por allá en 1989, un grupo de profesores tuvo la iniciativa de crear una cooperativa de ahorro con el fin de construir vivienda.
En sus primeros días, la recién creada asociación, reunió a 200 maestros de la provincia. “Comenzamos la lucha para conseguir un terreno adecuado y la constructora para armar y desarrollar el proyecto. El lote era rural e hicimos los trámites necesarios para convertirlo en urbano y comenzar así con las obras de infraestructura”, dijo.
Gracias a todo este trabajo, se logró, además, la construcción del colector oriental ya que entonces no existía forma para recoger las aguas negras y lluvias. “Esto que hicimos no solo benefició a Covimpru sino a todas las urbanizaciones y conjuntos residenciales de este sector”, resaltó Arévalo
Como resultado del trabajo se entregaron las primeras 66 viviendas, además de áreas comunes, zonas verdes y parqueaderos.
Su aspiración
Producto de su preparación académica, su experiencia administrativa como rectora de cuatro instituciones educativas, gestión en obras, contratación, además de sus carisma, las ganas y el deseo de llegar a la Alcaldía de Ubaté, está convencida de que “unidos podemos transformar”.
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