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miércoles, noviembre 30, 2022

Comparendo express: el acoso de la Policía de Tránsito de Ubaté

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La llamada calle del comercio o carrera séptima es una arteria vial del municipio de Ubaté con un tráfico peatonal y vial muy alto. Desde que se convirtió en semipeatonal se prohíbe el parqueo en esta zona por el reducido espacio que quedó para que los carros transiten. Sin embargo, el desorden y el caos son el pan de cada día, en parte, por las personas en bicicleta que la transitan en contravía por esta y otras vías de alto flujo.

También es ‘normal’ que algunos conductores se detengan en sus vehículos por unos segundos para recoger o dejar personas u objetos.

La noche del sábado, 21 de enero de 2017, iba en mi vehículo personal por la carrera séptima a recoger a una persona (un niño). Eran alrededor de las ocho de la noche. Imaginé que por ser sábado la calle del comercio, como es costumbre, estaría muy transitada, pero no fue así. El niño por quien iba no sabía que en ese momento llegaba por él y tampoco tenía celular, por lo que pensaba avisarle con el pito del vehículo para que saliera mientras daba la vuelta a la manzana y no alterar el tránsito de los vehículos, como generalmente lo hago.

Al llegar al punto, frente a Comunicaciones Dónde Ramírez, detuve mi vehículo por unos segundos y al observar que atrás no venía ningún vehículo decidí esperar ahí. No estaba obstruyendo la vía. Mi acompañante bajó del carro corriendo para ir por el niño en un espacio de tiempo que no sumó un minuto. En ese lapso de tiempo, mientras esperaba, tres motorizados de la Policía de tránsito llegaron y se ubicaron justo atrás del vehículo haciéndome señas que siguiera. Una vez más observé hacia atrás y no venía ningún vehículo, razón por la que pedí que me dieran tan solo unos segundos mientras salía la persona a la que esperaba y así continuaría con mi trayecto.

Sin mayor reparo, uno de los patrulleros se ubicó a lado de mi vehículo, en el espacio que les había dejado para que pasaran, descendió y dio la vuelta para pedirme los documentos del vehículo. Se los entregué y de inmediato se fue con ellos. Le reclamé por mis papeles, a lo que me respondió que iba a impartirme un comparendo por obstruir el paso vehicular.

Sorprendido le repetí una y otra vez que eso era falso, que no venía ningún vehículo atrás y que a ellos les estaba dando el espacio para pasar, además de que no estaba parqueado, no apagué el carro y no me bajé del mismo porque solo estaba recogiendo a una persona.

En segundos la zona estaba atiborrada de gente. Los curiosos llegaron a observar el hecho mientras yo estaba rodeado de tres motocicletas y cuatro policías. Me hicieron sentir como un delincuente. Cuando mi acompañante llegó con el niño continué mi camino (en el poco tiempo de todo lo hasta ahora narrado jamás hubo un carro al que le haya obstruido su paso) y frente a la estación de policía mi acompañante siguió con el vehículo y yo me devolví por mis papeles y la copia del improvisado comparendo.

Las tres motocicletas llegaron a la estación y me entregaron el comparendo, que según lo marcado por el patrullero, Raúl Arellano, la infracción fue de categoría C y la sanción son 15 salarios mínimos, algo así como $370.000.

Indignado les manifestaba que iba a interponer una queja a lo que, en tono de burla, me respondieron: “qué miedo, ya no nos van a pagar el sueldo”.

Todo lo aquí expuesto sucedió en menos de dos minutos. Me sentí acosado y, si bien, estos policías estaban haciendo su trabajo, les faltó sentido común en su actuar, porque como les manifesté, el hecho de esperar a una persona en un momento en donde no había tránsito vehicular y donde NO obstruía el paso habla de su abuso de autoridad.

Ya está el comparendo, se debe pagar y como les pasa a muchos ciudadanos que jamás circulan en bicicleta en contravía y que respeta las señales de tránsito, se despiertan varios interrogantes en una policía que, al parecer, sólo está lista para perseguir al buen ciudadano y hacerse el de la vista gorda con el delincuente.

Todos los actores en una urbe tenemos derechos y deberes y que esto sirva para que todos reconozcamos nuestras responsabilidades y no permitamos que la atención, en lo importante, se desvíe.

Jorge Suárez Celis
Periodista

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