Juan Camilo, el joven con síndrome de Asperger que obtuvo el mejor Icfes de la región

Juan Camilo fue diagnosticado a los 8 años con síndrome de Asperger, un trastorno del desarrollo que se incluye dentro del espectro autista.

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Cuando Juan Camilo Olaya Arango, estudiante de once grado del Instituto Bolívar de Ubaté, se enteró que obtuvo 366 puntos sobre 500 en la pruebas de Estado Icfes, nunca imaginó ser el estudiante con mejor resultado de los colegios oficiales en Ubaté y uno de los mejores de la región.

Gracias a su destacado resultado, la Administración Municipal de Ubaté le entregó una distinción como reconocimiento y un incentivo económico por un valor de $2 millones.

A los 8 años, Juan Camilo fue diagnosticado con síndrome de Asperger, un trastorno del desarrollo que se incluye dentro del espectro autista, y que, entre otras cosas, se caracteriza por las alteraciones en la interacción social, la comunicación y los intereses.

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Sus padres han sido su principal apoyo. La Villa.

Su primaria y la mayoría de secundaria la adelantó en la Escuela Normal Superior de Ubaté (Ensu), hasta que en décimo grado esta institución implementó la metodología educativa conocida como el ‘sistema de educación relacional’. Este nuevo método académico le generó dificultades a Juan Camilo, pues de acuerdo con él y sus padres, no está adaptado para estudiantes con capacidades especiales.

“Fue un cambio brusco; al comienzo estaba muy entusiasmado con este sistema, sonaba como algo bueno y realmente creo que si lo es, lo que pasa es que tiene detalles que no permiten gestionar de la mejor manera posible el aprendizaje a personas como yo, pues comprendía todo muy rápido, hasta que me dijeron que debía hacer cuatro etapas diferentes con dos actividades por cada uno de los tema”, explica el estudiante.

Debido a este sistema, Juan Camilo tuvo que repetir el grado décimo en dos ocasiones y para una tercera vez decidieron tomar la decisión de cambiar de colegio. “El proceso de evaluación se hacía bastante monótono y casi siempre involucraba escribir, algo que para las personas con mi condición se dificulta”, afirma.

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A los 8 años, Juan Camilo fue diagnosticado con síndrome de Asperger. La Villa.

En suma, fueron dos años difíciles tanto para él como para su familia, y aunque aclaran que hubo voluntad por parte del colegio para encontrar alternativas, decidieron buscar otra institución. “El primer año que repetí me dieron ánimos de seguir y volví a perderlo y ya un tercer año en décimo grado me pareció terrible y no quería perder más tiempo”, manifiesta.

Hubo varias opciones, entre ellas estudiar los sábados para validar dos años en uno, sin embargo, el colegio Instituto Bolívar le dio una opción mejor. “Me hablaron de la promoción anticipada, es decir, si sacaba todas mis notas por encima de 4.5 durante el primer periodo me iban a promover, entonces dije: -lo haré, confiaba en mis capacidades y mis papás también confiaban mucho en mí”, dijo.

En efecto, Juan Camilo logró un excelente resultado y en consecuencia fue promovido al grado once para el segundo periodo. “Fue complicado, porque como no empecé desde principio de año, ya que había hecho un par de semanas en la Normal, empecé atrasado, se me acumuló bastante trabajo, pero todo lo supe manejar gracias al apoyo de los profesores como de mis padres”, dice.

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Una anécdota que recuerda, fue el comentario que le hizo al rector del Bolívar, Camilo Cruz, justo cuando le otorgaron el cupo que, según ellos, estaban bastante escasos en el Bolívar. “Al ver que confió tanto en mí, yo le dije: -le prometo que le voy a sacar el mejor icfes, y luego me sorprendió mucho que lo logré”, cuenta con una sonrisa.

Para Esperanza Arango, madre de Juan Camilo, el proceso con su hijo no fue nada fácil y por eso agradece la oportunidad que le otorgó en su momento el nuevo colegio de su hijo.  “Gracias a Dios en el Bolívar nos abrieron las puertas y nos dieron esa oportunidad del cupo y de la promoción anticipada”, relata.

Este destacado joven recuerda que con el paso de los periodos se sintió muy bien e indica los profesores fueron buenos con él y sintió el avance. “El Bolívar me pareció un muy buen colegio, tiene un excelente rector y buenos profesores”.

Cuando presentó las pruebas del Icfes, en agosto pasado, le recortaron algunas pruebas por su condición (estaba en la lista de discapacidades), fue así que el bloque de inglés no lo pudo presentarlo, ante este hecho indica que para él no había sido problema, puesto tiene buen vocabulario y nunca se le dificultó el segundo idioma, por lo que está seguro hubiese obtenido, a aún así, un mejor puntaje.

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Es un inquieto por la tecnología y la electrónica, aunque de más joven quería estudiar paleontología, la ciencia que estudia los fósiles. “Quiero dedicarme a la innovación, veo en la tecnología otro mundo. Mi otra opción era la medicina, porque me gusta ayudar a la gente y salvar vidas, por eso veo que con el avance tecnológico se puede ayudar al desarrollo médico, a la preservación de los ecosistemas, a buscar fuentes de energía limpia y no dañar más a nuestro planeta”, relata.

No está matriculado en ninguna universidad, porque en medio desconocimiento, sus padres no realizaron ninguna gestión. “Creímos que para hacer los trámites en la universidad el niño tenía que tener el cartón de bachiller, pero por falta de guía no hicimos nada a tiempo”, explica su madre. Así las cosas, por ahora no estudiará el primer semestre de 2020.

Sus opciones para adelantar estudios superiores son ingeniería electrónica, mecatrónica o biomédica.

Juan Camilo es el segundo de tres hermanos, vive con sus padres y su hermana menor en el seno de un hogar humilde pero unido, como ellos mismos dicen, en el barrio Calderitas y se siente orgulloso de su familia.

Para Juan Martín Olaya, padre de Juan Camilo, su hijo “es una bendición de Dios”. Recuerda que a pesar de las dificultades, la familia se siente muy orgullosa de él. “Lo que él tiene es una condición, más no una enfermedad”, culmina.

Jorge A. Suárez Celis

REDACCIÓN LA VILLA


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