“A mí me tocó un Gabriel García Márquez ameno, generoso y cordial con los alumnos”

 “A mí me tocó un Gabriel García Márquez ameno, generoso y cordial con los alumnos”
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Carlos Alberto Giraldo Monsalve, periodista y columnista de El colombiano y quien lleva más de 24 años ejerciendo esta profesión, buen tiempo de ellos como reportero del conflicto armado, fue ‘recluta’ académico del nobel colombiano Gabriel García Márquez (Gabo).

Giraldo, estuvo como panelista en ‘La Gallera’, el lugar adaptado en el pabellón cuatro de Macondo por la organización de la Feria Internacional del Libro, para conversar, con otros periodistas y ex alumnos de García Márquez, sobre la infancia, sus gustos, su trayectoria y todo el entorno que enmarca el legado del escritor colombiano.

Este periodista paisa recuerda que Gabo le enseñó a entender el valor de que “no es lo que se publica primero, sino lo que se publica mejor”, palabras que calaron en la esencia de este comunicador y que guiarían sus trabajos periodísticos en el futuro.

“El género que más utilizaba Gabo era el reportaje, porque una persona que escribe reportajes inevitablemente termina escribiendo historias de largo aliento con mucha más potencia narrativa, con más composición literaria pero igualmente, con un esfuerzo investigativo más apreciable que es el que hace que esas historias se queden en los lectores y que sean valorados a lo largo de los años”, contó Giraldo.

Recuerda también que fue un gran profesor: “hay versiones contrarias, pero a mí me tocó un Gabriel García Márquez ameno, generoso, cordial, muy cariñoso con los alumnos, una persona que estuvo durante los cinco días de taller dispuesto a compartirnos todo lo que sabía del oficio del periodismo. Nunca tuvo reparos, regaños o malestares en el desarrollo de esas conversaciones”.

Durante esos días de aprendizaje, Giraldo recuerda que García Márquez estuvo muy al tanto de ellos cuando estaban escribiendo crónicas o reportajes a partir de temas que escogieron conjuntamente con él: “ahí volcó toda su capacidad de maestro para darnos ejemplos y mostrarnos en la práctica cómo podíamos escribir y elaborar buenas historias”.

Sin duda, Gabo es una inspiración para Giraldo, de esas que motivan a replicar un trabajo dedicado y comprometido. Él recuerda también que el Nobel colombiano les comentó que era un admirador incondicional del escritor estadounidense William Faulkner quien, en su momento creo Yoknapatawpha un pueblo imaginario, herencia literaria que influyó para que García Márquez creara también a Macondo.

La Feria del Libro y la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano

Para Giraldo es muy importante que la Feria del Libro tenga como invitado este año a Macando: “me parece fabuloso que lo estemos recordando, tanto por la gloria que le dio al país con su obra literaria y todas sus novelas, como también por lo que hizo por el país como maestro de periodista y de escritores”, contó.

También resaltó el trabajo que la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) ha logrado, ente creado por García Márquez en marzo de 1995 para formar a cientos de periodistas. “Estos 20 años de laborales son el retrato de que él (Gabo) no sólo se quedó regodeándose o viviendo de su fama como escritor y de lo que ello le trajera en términos de reconocimiento social y de bienestar económico, sino que volcó parte de ese esfuerzo en crear una fundación que sirviera para entrenar y capacitar a periodista con mucho más criterio”, precisó.

Relato de un náufrago

La vasta obra literaria que Gabo dejó como herencia a la literatura y a la humanidad es admirada por Giraldo. Sin embargo, para él, desde el punto de vista periodístico, la novela ‘Relato de un náufrago’, publicada en 1970, es la obra estrella de todo el legado del Nobel colombiano: “me parece magistral lo que él hizo con ‘Relato de un Náufrago’, esa historia ya la habían publicado todos los periódicos del país y García Márquez en su terquedad pero también en su visión del oficio, se dedicó a buscar a Luis Alejandro Velazco, el náufrago, lo recobró y lo entrevistó exhaustivamente durante varios días en unas reuniones que hacía con él en la redacción de El Espectador o por fuera del periódico, y le extrajo tantas cosas con un nivel de detalle tan impresionante que fue capaz de componer ese libro que es extractado de la realidad y de los recuerdos del náufrago, enmarcado de ese realismo mágico con que siempre nos dejó asombrados a todos”, concluyó.

JORGE SUÁREZ

REDACCIÓN LA VILLA

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