Ares, la guardería canina del valle de Ubaté

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La historia de Ares, un perro labrador, inspiró e nombre de este proyecto. La Villa.

Ares es un perro labrador de 18 años, que cuando apenas era un cachorro rescató a un niño de 4 años, quien cayó a un río cerca a Soacha, en Cundinamarca. Desde ese momento, sin más que dar la pata y atender a órdenes básicas, este peludo marcó lo que sería el resto de su vida perruna.

Rescate K-SAR Colombia es el equipo especializado en la búsqueda de humanos en catástrofes o acontecimientos repentinos, que recibió a Ares para entrenarlo como perro rescatista junto a su amigo fiel Hensor Salavarrieta, su dueño humano quien vio en el canino habilidades innatas.

Ares ayudó en el terremoto de Perú de 2007 y en otros desastres naturales del continente, labor a la que se dedicó durante 9 años hasta el 2009. Hoy, con 18 años perrunos, equivalentes a 88 de humano, recibe terapias y cuidados especiales para pasar sus últimos días de vida.

Este labrador dorado ha sido el motor y la motivación de Hensor y su esposa Martha Pineda, quienes llegaron a una finca cerca a Cucunubá hace unos 7 años, buscando tranquilidad y paz para su perro. “Estuvimos buscando finca en la costa, Santander y hasta en Boyacá, pero aquí fue el mejor lugar porque no hay serpientes venenosas ni garrapatas, entonces era el sitio ideal para mi perro”, cuenta Hensor.

Nunca imaginaron que después de poco tiempo de vivir allí se convertirían en una guardería para caninos gracias a la sugerencia de un señor, quien les instaló la energía en la casa. “No sabíamos qué hacer, de qué íbamos a vivir y un señor electricista, quien nos hizo la conexión aquí vio todo lo que hacía nuestro perro y nos preguntó que quién le había enseñado y le explicamos que nosotros”, agrega Martha, la esposa de Hensor.

Martha Pineda, oriunda de El Copey, César, se conoció con Hensor por medio de los peludos, en Bogotá. Luego Hensor la vinculó al equipo Rescate K-SAR Colombia y allí aprendió todas las técnicas para adiestrar perros de búsqueda.

Luego de un tiempo, Martha y Hensor decidieron casarse; hasta la fecha llevan 12 años juntos y Ares ha sido la fuerza que los une e impulsa para continuar ayudando a perritos en estado de vulnerabilidad. Hoy cuentan con una guardería que lleva el nombre del peludo Guardería Ares. “Se llama así en honor a nuestro bebé, un labrador. Él es el que nos ha dado la energía de salir adelante con los perritos y todo gira alrededor de él: el trabajo, todo”, narra Martha.

Esta pareja ha rescatado más de 35 caninos y siete de ellos se han robado su corazón a tal punto que decidieron adoptarlos. Dos de ellos fueron encontrados  en tan malas condiciones que tuvieron que amputarles una de sus patas, pero hasta ahora no ha sido un limitante para que sean felices y los más consentidos de la manada.

Guardería Ares ya lleva 7 años y  tiene capacidad para atender 45 perros que podrán disfrutar de 3.400 metros con piscina, tarima, un carro para que jueguen y un espacio amplio y fresco para que liberen todo el estrés producido por los espacios reducidos en los que suelen vivir.

Hensor, mediante sus características de líder, se encarga de establecer roles y controlarlos, mientras que Martha, con amor y dedicación, atiende todos sus cuidados: heridas, problemas en la piel o suministrarles  medicamentos cuando se encuentran sometidos a algún tratamiento. Son la combinación perfecta que facilita el bienestar de los perros.

Sus visitantes más queridos, los peludos, recorren entre 15 y 20 kilómetros diarios. Salen en la mañana a caminar a un predio cercano, propiedad de Hensor y Martha, por el filo de una montaña, liderados por el alfa de la manada: Zico, un peludo de 6 años, que fue su primer cliente en la guardería y a quien su antiguo dueño pensaba dar en adopción. Pero la pareja decidió quedárserlo y ahora, por su antigüedad y personalidad, es el líder, así que cada vez que un canino se aparta del grupo, Zico hace que regrese de inmediato.

Luego de llegar agotados, detalla Hensor, se establecen límites, normas y comportamientos para que los perros aprendan, y  en la noche, cuando vuelvan a sus casas, reciban la recompensa al día extraordinario que tuvieron: apapaches, besos, abrazos y todo tipo de consentimientos.

“Acá recibimos perros sociables, pero si alguno presenta algo de agresividad lo vamos socializando poco a poco con cada uno de la manada, hasta que aprenda a estar con el grupo”, agrega Hensor, oriundo del departamento del Guaviare.

Guardería Ares tiene varios perritos rescatados y algunos han perdido sus patas. La Villa.

¿Dónde duermen los perros?

La Guardería cuenta con habitaciones y guacales para cuando los peludos se quedan en la finca. La diferencia de que duerman en un lugar u otro lo determina el dueño. “Si el propietario nos dice que el perrito no está acostumbrado a estar en un guacal, sino que descansa en la cama, pues nosotros lo acomodamos así. Hay otros que nos dicen que el perro no puede dormir solo, entonces dormimos con él”, asegura Martha.

En temporada alta, como diciembre, pueden llegar a dormir con varios perros en la cama y son tantos los peludos que la pareja debe separarse para descansar con un número de caninos diferente en cada cama.

¿Qué pasó con Ares?

El labrador, de 18 años, recibe terapias de cadera en Bogotá y viaja a Cucunubá una o dos veces por mes, o Hensor y Martha van a visitarlo a la urbe. Poco a poco asimilan la idea que llegará el día en el que Ares termine su misión en la tierra.

Karla Andrea Amaya

@KARLAANDREA38